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Innovemos con sentido común.. en la educación.

He aquí, un humano frente a un espejo. ¿Siempre debemos decir que sí a la tecnología? En el caso de la informática aplicada a la educación, las luces de colores que suponen el uso de tablet, proyectores HD, computadores con manzanas mordidas, sistema remotos de almacenamiento de recursos y todo activado desde un smartphones… (o implantes neuronales y registro de asistencia con reconocimiento facial… Para no ser menos) créanme, no es el punto. Educación no es solo contenido, aunque la gran mayoría de la pruebas estandarizadas aplicadas a nuestros hij@s tienden a ese fin… Bueno, digamos que la premisa se cumple, por más que roboticemos la sala de clases, no tendremos mejor educación.

Un factor es la disponibilidad del docente a aprender el uso básico de tales herramientas. Claro, es fácil apuntar los dardos y echarle la culpa a esto, sin embargo, ¿Qué motivación tiene una persona si no le pagan lo suficiente por todas sus especializaciones, le hacen llenar una pila de papeles en su tiempo “libre” y más encima tiene que ver como normal llevarse N*1000 trabajo para la casa? Lo anterior por parte baja. Simplemente no es justo. Ese docente no tiene porqué querer aprender a usar todos los productos que se le ocurren vender a las empresas… La carreta delante de los bueyes; primero debes dar espacios, equilibrar horas de planificación con horas de aula; quitar papeleo y “sincronizar” los enfoques de esta tendencia con quiénes toman decisiones, ojo, no solo directivos, sino también Gobierno; si al final gran parte de la pega es traspasada hacia la docencia desde las cuatro paredes de un edificio en Valpo.

Entonces, ¿Decimos que no a todo? Decimos que no a los extremos. Pienso que los cambios, las innovaciones, van en detalles y bueno, si es de la mano del software libre, mucho mejor.

Prefiero hablar de microinnovaciones, “incrementales e iterativas” como decía el gran Ricardo Durán. Como siempre, el trabajo del informático (o el placer en mi caso) es crear la ilusión de simplicidad… El docente solo presiona un botón y su documento/informe/tarea/prueba es compartida; no tuvo que crear cuentas de usuario, ni contraseñas, ni nada… Otro se encargó de eso.

La magia es no recargar de trabajo y generar facilidades; uno de mis últimos juguetes, por ejemplo, son los formularios… Archivos de texto predefinido, que no pierden “su forma” al momento de ser editados. Se envían por correo y facilitan el proceso posterior (tedioso) de impresión. La idea me la comentó Jaime hace como cinco años… En ese tiempo aún estaba embobado por la web, ahora le encuentro más sentido a lo que quiso decir… después que me tocara compaginar un par de cientos de hojas.

La invitación entonces está hecha; innovemos con sentido común 😀

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